Jinete multidisciplinar

Son las diez de la mañana. El día se presenta claro y soleado y las puertas de la Hacienda “Vallehermoso” se abren para adentrarme en un camino de albero, a cuyo final me espera un hombre que -a pesar de su cabello claro y ojos azules- es un clásico caballero andaluz, Ángel Peralta Astolfi. Tras cruzar el patio, circundado por numerosas cuadras donde descansan preciosos ejemplares de pura raza española, tomamos asiento en un salón de ambiente campero para dar comienzo a esta entrevista.
P: Tu infancia y juventud transcurrieron en Sevilla. ¿Qué recuerdas de aquellos años?
R: Mi primera imagen que me viene de la niñez es al cabalgar sobre “Brinca”, hija de “Cabriola” y regalo de mi padrino, es decir, mi abuelo Ángel al que nunca llamé abuelo, ya que su juventud es constante. Como él dice “La edad vive en la ilusión no en el tiempo”. Con ella tomé la alternativa, para así descubrir la pasión que me despierta el mundo del caballo y seguidamente hice mis primeros pinitos en la hípica con otra yegua, “Época”. Con un corazón enorme en la disciplina de salto; siempre había un hueco para ella en el camión de mi tío, Luis Astolfi.
Con Luis me lo pasaba genial, en el Trofeo infanta Elena del 97 en Palma de Mallorca, lo convencí para que me llevara y metimos a “Época” donde no cabía… yo iba escondido en la cabina para embarcar en el barco.
Recuerdo mis veranos de concursos durmiendo en el camión y vivencias con mi tío David y “El lechero”, un mozo con el que aprendí de la vida. Otra anécdota fue cuando salíamos a hacer los concursos Nacionales de Torrevieja, Aranjuez y Cuenca… y por una travesura estuve a punto de que me quitaran la licencia. ¡No era tan malo pero sí un poco pillo!
P: ¿Qué éxitos personales te ha aportado el mundo del caballo?
R: El caballo ha dado muchos éxitos y satisfacciones a mi familia, y a través de este noble legado, puedo compartir muchas vivencias que se remontan a cuando era pequeño y que las llevo en la sangre.
La mayor satisfacción personal que puedo tener es ser plenamente feliz y rodearme de gente a la que aprecio, y respeto con admiración. Tener grandes amigos y compañeros, eso es para mí mi gran éxito personal.
P: Han sido muchos los caballos que han pasado por tu vida pero sabemos que “Payaso” ha tenido una relevancia especial.
R: Sería injusto dejar atrás esos caballos que han pasado por mi vida y que me han dejado huella. Todos me han aportado algo nuevo en cada una de las etapas. El último caballo importante que he tenido se llamaba “Payaso” y al que le escribí un relato: “Donde vas, voy contigo”.
“Payaso” fue mi gran aliado durante un largo periodo de tiempo. Su carácter era extraordinario, pero morfológicamente no tenía cuerpo de atleta. Debido a que en aquel momento no tenía muchas opciones decidí apostar por él, ya que pensé que estaba desaprovechado y podría servir para algo más y él a través de su felicidad me lo iría indicando.
Nos pusimos a trabajar duro; con esfuerzo y constancia, lo que nos llevó a alcanzar objetivos razonables. Él sabía sacar lo mejor de mí como caballista. Así como con las personas, los logros vienen a través de estímulos y no de reproches, diciéndole al débil que es fuerte.
P: En ocasiones nos rodean los problemas y el estrés. ¿Cómo te ayudan el campo y los caballos a afrontar esos momentos más difíciles?
R: Llevar una vida en contacto con la naturaleza endulza el carácter del ser humano y para mí vivir en la ciudad y al mismo tiempo a escasos kilómetros tener acceso al campo y a mis caballos, me parece un auténtico placer de dioses.
El campo me relaja y me aporta energía positiva, por lo que me sirve como sustento ante cualquier adversidad que me pueda presentar la vida. Creo que el trato con los caballos ha formado mi carácter y me ha hecho ser mejor persona. Sumergirte en este mundo te ayuda a vivir mejor y a aislarte de las situaciones difíciles que te encuentras en el camino. He aprendido a ser más tolerante y a crecer en mi personalidad.
P: ¿Crees que es más fiel el caballo que el humano?
R: Desde pequeño me aprendí pensamientos de mi abuelo que luego los apliqué en la vida. Él los llamaba cabriolas: “Pensamientos que al galopar a caballo me los trajeron los vientos”.
El hombre hace al caballo y el caballo al caballero, ya que ellos son un espejo y se expresan con sentimientos.
A caballo la vida se hace corta en busca de una experiencia larga, tanto al caballo como al hombre nos doma el tiempo. Una de las cosas que más me han marcado es que cuando culpamos al caballo no aprendemos de nuestros errores.
P: ¿Qué opinas de aquellas personas que consideran que el uso del caballo para tiro de carruajes y monta por jinetes en eventos como ferias y romerías es una forma de maltrato?
R: Me gusta cuando las personas hablan con criterio, es decir, hay quien critica desde el desconocimiento y otros que lo hacen con una gran razón. Cualquier aficionado al mundo del caballo ha ido a una romería o una feria, por lo que siempre incurre en una atención en el caballo y en llevarlo en buena forma física.
Ellos siempre fieles se merecen que miremos por sus descansos y por su calidad de vida. Por desgracia se magnifica y los que son pocos machan la imagen de la mayoría. Te garantizo que tanto mis amigos como yo tenemos a nuestros caballos en un excelente “estado de revista”.
P: ¿Cómo ves el mundo del caballo actualmente y en el futuro en Córdoba?
R: En esta ciudad pasa una cosa muy extraña que no me deja salir de mi asombro. Veo a una generación de jinetes histórica, diría que la edad de oro de la hípica cordobesa no se está sabiendo aprovechar. Estos caballistas a los que me refiero, merecen un apoyo que premie su excelencia. Me gustaría ver a una Córdoba unida por el mundo del caballo. Que cada uno aporte su granito de arena para que esto sea posible y que se convierta en un referente a nivel mundial. Yo sumaré en esta línea y seguro que me irá muchísimo mejor cada día y al mismo tiempo seré más feliz.
P: ¿Qué ha aportado en tu vida en general la ciudad de Córdoba?
R: Córdoba es mi segunda ciudad, aquí pude llevar a cabo mi primer proyecto tras mis estudios universitarios, y cumplí un sueño que nacía de mi pasión y sentimiento hacia el mundo ecuestre.
La admiración que siento por Córdoba es infinita. Aquí aprendí un camino, para alcanzar una meta. Una meta que avanzaba cada día, al mismo tiempo que yo iba disfrutando de cada instante del recorrido.
P: Dicen que el amor lo puede todo. ¿Te verías viviendo con una mujer que no se adapte a tu pasión por el caballo y la vida campera?
R: Creo que el amor puede con todo, pero para que surja esa magia tienen que existir ciertas coincidencias. Hay que ceder para después recibir y adaptarse a los gustos de la otra persona, mi vida no es solo caballo y campo. Me gusta el cine, el teatro, hacer turismo…
Si viene el amor hay que cuidarlo y tratar de que crezca para llegar a vivir el verdadero amor que uno tiene como ideal. D. Luis Mahillo me dijo en cierta ocasión: “La doma de un buen caballo es como un gran amor, dormir poco, sufrir mucho y nunca perder la ilusión”.
Atardece, el sol se esconde tras los montes de Sierra Morena mientras Ángel se dirige al guadarnés para ensillar a uno de sus caballos y pasear plácidamente disfrutando del crepúsculo, con el recuerdo de “Payaso” en la memoria. Entretanto yo me alejo con el sabor de haber descubierto la gran compenetración que puede existir entre dos seres tan especiales y tan históricamente enlazados como el hombre y el caballo.