La equitación a la amazona una disciplina controvertida y divertida

El nombre “amazona” nos evoca la mitología griega: mujeres guerreras del Norte de África quienes, al igual que los hombres, luchaban y montaban a horcajadas. Pero la gran pregunta es: ¿Por qué las mujeres montaban a la amazona a diferencia de los hombres que lo hacían a horcajadas?

Si bien sabemos la mujer a lo largo de la historia ha pasado gran parte de su vida embarazada, criando a sus hijos, siendo la falda y los vestidos su atuendo habitual. Debido a todo ello, hacía imposible la monta a horcajadas. Asimismo, existía un factor determinante que se instauraba en la creencia que montar a horcajadas era perjudicial para la función procreadora de la mujer por lo que la postura lateral era la más adecuada para desplazarse en cabalgaduras. Por ello, lo que en la actualidad se conoce como montar a la amazona en el pasado se denominaba como «montar a mujeriegas» que se refiere a la posición en la que montaban las mujeres en tiempos remotos y que era colocando las piernas hacia el mismo lado.

Durante la Edad Media esta disciplina era considerada como una equitación pasiva, ya que la posición adoptada impedía ejercer ninguna acción sobre la montura, necesitando así siempre la ayuda constante de un  hombre que la guiase. Fue en Europa, durante la época del renacimiento cuando la monta a la amazona se desarrolló principalmente en las clases sociales altas,  gozando de un cambio trascendente, ya que pasa de considerarse una equitación pasiva a ser un arte donde la mujer quiere participar activamente, “tomar las riendas”. Aunque las monturas no permitían aún la práctica de una equitación deportiva, las amazonas intrépidas se atrevieron a comenzar a montar a horcajadas: Diana de Poitiers fue una de las pioneras que comenzó a cazar a horcajadas, a pesar de ser una práctica muy criticada socialmente. 

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La gran revolución tiene lugar entre los siglos XIV a XVI con la primera corneta que se adapta a la silla de montar dando una autonomía e independencia a la amazona sobre el caballo. De este modo, la corneta evita que la amazona resbale hacia la izquierda, esta gira gradualmente hacia el eje del cuello del caballo, sostenida por un fino estribo y, por fin, los hombros y las caderas de la amazona comienzan a orientarse en dirección a la marcha. No obstante, un paso más en este revolucionario invento fue la creación de la segunda corneta que se encontraba en el lado derecho de la montura y servía para fijar la pierna derecha de forma inamovible.

La silla de cornetas siempre ha estado ligado a miembros de la realeza y nobleza. La reina Isabel II de Inglaterra fue seguidora incondicional de la silla de cornetas, en España la madre del rey Doña María de las Mercedes de Borbón–Dos Sicilias y Orleans era una gran enamorada de los caballos, cuentan que su abuela la enseñaba a montar a la amazona, la princesa Grace Kelly de Mónaco, etc…. 

En la actualidad esta disciplina puede caracterizarse por su elegancia y feminidad siendo utilizada por las mujeres para acudir a lomos de sus caballos a grandes ferias como «Feria de abril» de Sevilla o la «Feria del Caballo» de Jerez de la Frontera.

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