El toro bravo, el guardián de la dehesa

Ojos oscuros y mirada intensa para proteger a todo el campo bravo

Islero, Burlero, Avispado, Conocida, Atrevido y así otros cuantos más. Toros bravos que han hecho historia, no solo debido a la leyenda taurina que firmaron en el ruedo o en el campo, sino que forman parte de la cultura de España. Así destacan Islero y Avispado; el primero, toro de la ganadería de Eduardo Miura. Lidiado en quinto lugar, en Linares, el 27 de agosto de 1947, corneando a Manuel Rodríguez Manolete al entrar a matar cogiéndole por la pierna y cortando la arteria femoral provocando al final la muerte de Manolete y el nacimiento de un mito del toreo. Por otro lado, respecto al segundo perteneciente a la ganadería de Sayalero y Bandrés, lidiado en Pozoblanco, Córdoba, el 26 de septiembre de 1984, causándole a Francisco Rivera Paquirri una cornada de varias trayectorias y que acabó con su vida.

Zalduendo, Victorino Martín, Miura, Juan Pedro Domecq, Conde Santa Coloma, Murube, Parladé, Conde de la Corte, Baltasar Ibán… Todas y cada una de estas ganaderías han criado y crían toros para la lidia. Las primeras ganaderías españolas se conocen como Castas fundacionales y son siete: Castellana, Jijona y de la Tierra, Navarra, Cabrera, Gallardo, Vazqueña y Vistahermosa. Todas ellas visten y han vestido cada rincón de nuestras dehesas. La península quedaría huérfana sin la figura del toro bravo.

El ganado bravo pertenece a un sistema de crianza extensivo, siempre atento y respetuoso con el medio ambiente. Administra una mayor extensificación que otras razas bovinas (cerca de dos hectáreas por cabeza en el caso de las ganaderías que conforman la Unión de Criadores de Toros de Lidia). De este modo, gracias al incansable trabajo y sacrificio de nuestros ganaderos, muchas tardes se puede saborear la gloria, así como la incertidumbre, la angustia, la emoción, la sorpresa, la alegría y el desánimo al ver embestir ese toro que puede dar momentos únicos e irrepetibles llegando a conmocionar y a hacer temblar a una plaza entera. 

El toro de lidia milenario en su origen es una obra perfecta de ingeniería genética, impregnado de casta, temple y nobleza, criado para la lidia el campo bravo es su casa.  Un animal considerado como un factor económico, ya que genera miles de empleos. Esta gran creación se ha ido adaptando durante tres siglos a la evolución de la Tauromaquia, gracias a su inigualable diversidad genética. Su continua versatilidad viene regida por los gustos del público y de los toreros. No obstante, a pesar de diversos cambios siempre dispuesto a morir en la plaza, donde muestra la tradición, la magia y su destreza. 

Además de su valor genético, el toro de lidia es el perfecto «guardián de la dehesa ibérica», ya que su existencia se prolonga por más de 500.000 hectáreas entre España y Portugal, y colabora de forma extraordinaria a su conservación. 

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