El lugar de la foto

El pasado fin de semana tuve el gusto de conocer y disfrutar la nueva casa de unos amigos que con esfuerzo y esmero han hecho de ella su hogar. De este modo, afincados en la ciudad onubense y bañados por la Ría de Huelva; lugar en el que nos deleitamos con el maravilloso atardecer del viernes acompañados con música de fondo y unos cócteles, pude apreciar una vez más todo esos emplazamientos que nos ofrece España, y que en diversas ocasiones nuestros ojos cegados por «aquello que es más grande y que parece estar de moda» no son capaces de llegar a lugares más recónditos, pero con escenarios imborrables para la mente humana.

De esta manera, el modo en el que estaban programados los planes y su distribución en el tiempo nos permitió exprimir cada segundo al máximo sacando todo su rendimiento. Así, y aprovechando la cercanía de Huelva con Portugal pudimos pasear por Vila Real de San Antonio adquiriendo algún detalle para casa en sus típicas tiendas o disfrutar de una jornada de sol y playa en Montegordo. El broche de oro lo puso una comida en el famoso chiringuito Costa de la Luz en la playa de Punta Umbría.

Finalmente, y después de haber mencionado parte de las actividades llevadas a cabo, he de destacar un momento, un instante que tuvo lugar cuando llegué a casa de Pilar y Antonio, y que probablemente duró un minuto o menos nada comparable con el resto de los planes, sin embargo reunía una parte de mi vida que me aporta gran felicidad. Que curioso, cómo una foto puede aunar los lugares o las cosas que más gustan. Así, le pregunté a mi amiga Pilar: ¿Puedes hacerme una foto aquí?, a lo que respondió: claro.

Picota y yo

De dicha foto se trata. A simple vista puede ser una imagen más para mi amplia galería, sin embargo si analizo cada uno de los elementos que aparecen en ella puedo llegar a una gran conclusión.

En primer lugar, aparezco acompañada de picota, una Border Collie juguetona y encantadora con la que me derrito; en consecuencia el sábado salimos juntas a dar un paseo a tempranas horas de la mañana. En segundo lugar, el cuadro en el que aparecen jockeys corriendo en una carrera de caballos, animal al que también adoro y con el que me gusta pasar grandes ratos, y seguramente haciendo lo mismo que los que aparecen en dicho cuadro, corriendo como una loca por donde sea. Así, esta carrera puede ser que fuera en Sanlúcar de Barrameda, en el Hipódromo de Pineda o en el de la Zarzuela, sin embargo en cuestión de elección en cuanto a la ubicación de la misma diría en Sanlúcar, ya que siento predilección por la tierra Sanluqueña y por las tardes de carreras de caballos que tienen lugar en el mes de agosto. No obstante, se puede apreciar un árbol al fondo por lo que podría parecer pleno campo.

En tercer lugar, y por último se trata de la decoración comprendida en la imagen, y que aunada da una sensación de armonía, paz y felicidad. Eso sentía yo en ese momento, ya que estaba con Picota, con caballos corriendo detrás y para rematar con el gusto estético enclavado en 3 metros cuadrados.

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