Frente al mar

Sol, arena, amigos, familia, campo y Dios. Por eso se caracteriza el periodo estival que estoy viviendo estos últimos días. Así, el otro día sentada frente al mar en la playa de las Redes mientras el agua templada se entremetía a través de los dedos de mis pies provocando cierta relajación y felicidad mental reflexionaba y hacía un balance del año.

Por un lado, me sentía muy afortunada al encontrarme en el que de unos años hacia acá se ha convertido en mi lugar perfecto para veranear, ya que consigo aunar la paz y la tranquilidad, junto con la diversión y las noches de fiesta por los restaurantes y discotecas de moda de la zona, además de la suerte de poder disfrutar las carreras de caballos en Sanlúcar de Barrameda.

No obstante, por otro lado había algunos pensamientos que no paraban de invadir mi cabeza como la complicada situación en la que se encuentra el mercado laboral y que a mí me aterran cada día. Con ello, y rebuscando en mi bolso saqué un rosario verde de gran valor sentimental, ya que pertenecía a mi abuela y lo llevo siempre conmigo allá donde voy. De este modo, con el sonido de las olas de fondo y la gente paseando por la orilla me puse a rezarlo, ¿por qué, no? cualquier lugar puede ser apto para ello.

En consecuencia, la oración unida al sonido del mar y del vuelo de las gaviotas me proporciono ese atisbo de tranquilidad, para una vez más comprobar que todo estaba en sus manos y no tenía que preocuparme, y que él lo tiene todo bajo control. Así pues, y con su plan de por medio me premió durante la noche del viernes con un abrazo vitamina de los que te encienden el alma.

Cuanto tiempo me dio a pensar frente al mar y cuanto amor pude recibir al mismo tiempo… Ya en la capillita de Vistahermosa también lo confirmé con la presencia del reconocido jinete de doma clásica Juan Matute Guimon un instrumento de Dios y ejemplo de fe.

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