
Desde que regresé de mi descanso estival en el Puerto de Santa María, los días han sido un no parar, estando planificados prácticamente desde el primer hasta el último minuto con todo tipo de actividades enfocadas a sacar tiempo para mí misma, así como aquellas más orientadas al desarrollo profesional y laboral, siempre dejando también un hueco para alguna fiesta más de verano con amigas en aquellos lugares de moda y que más me gusta frecuentar.

De este modo, acostumbrada a tener una relación directa y permanente con Dios, en esta última semana he sacado un tiempo extra para él, acudiendo a misa cada tarde, ya que probablemente sea uno de los momentos del día que más paz y tranquilidad percibo, así no solo me limito a escuchar al cura, sino que en una libreta voy escribiendo todos mis pensamientos y preocupaciones, junto con un rosario en la mano. Gracias a mi grupo de Effetá he descubierto en este método la mejor forma de oración con Dios, no obstante él siempre nos escucha en cualquiera de las vías. En consecuencia, cada día que abandono el templo salgo renovada, sabiendo que todo está en sus manos y será lo que él disponga y siempre para bien, ya que sus planes son perfectos.
Por otro lado, otros de los grandes protagonistas son los caballos. Quién no lo sabe ya; soy una enamorada de los mismos y de todo el entorno que los envuelve. Por ende, cada jornada en las primeras horas de la mañana disfruto con ellos. Es admirable todo el deseo y la locura que despierta una zanahoria en este animal. Así, entrar en el prado con dicha hortaliza se ha convertido en un espectáculo digno de ver, pero al mismo tiempo el más divertido que puedas vivir. Me persiguen llegando hasta incluso a meter la cabeza en el bowling de montar y darse una coz entre ellos por disputarse una zanahoria. Son mi vitamina y mi motor, ya que tienen una capacidad asombrosa para hacerme sentir feliz, olvidando cualquier otro problema. Irradio felicidad tanto con el cuidado como con la monta de los mismos.

Entre tanto, el cine y la lectura se han convertido durante estos días en dos aliados más. Confieso que uno de mis planes favoritos durante el periodo estival es el cine de verano, sobre todo en aquellas noches en las que empieza a refrescar, con el olor de los jazmines y los gatos merodeando por la zona. Además de avanzar con «El jefe de los espías», un libro que me regalo mi madre en Navidad y que por falta de tiempo no lo había leído todavía, sin embargo ahora parece ser el momento. Asimismo, tengo seleccionado otro para su posible lectura una vez que termine este y que se lo descubrí a una amiga en sus stories de IG: «A la sombra del ombú».

En cuanto a lo profesional, le hago los últimos matices y mejoras al Trabajo Fin de Máster con el objetivo de entregarlo en septiembre, además de intentar plasmar en papel un proyecto personal relacionado con la decoración rústica. Adicionalmente continuo con mis clases de conversación en inglés. Finalmente, y entre tanta actividad conmigo misma, sigue presente durante los fines de semana las escapadas con amigas. El último destino fue Sotogrande, donde pudimos disfrutar de ese idílico escenario que ofrece la localidad gaditana, yendo a una conocida discoteca de la zona y saborear una jornada de sol en una de sus playas con una comida en el chiringuito «La Brisa». No obstante, y ya mencionado en reiteradas ocasiones mi lugar favorito para veranear es el Puerto de Santa María; allí he encontrado la paz del verano aunado a las salidas por la zona.
Muy bonito Carmen ,bs