El pasado lunes 5 de septiembre acudí a misa a la Iglesia de San Nicolás a las 19:00 horas con el fin de una tarde más sentir esa paz y tranquilidad que solo siento junto a Dios y que me hace liberarme de las preocupaciones. De este modo, durante la homilía pude escuchar al Padre hablando sobre lo que significa ser un buen cristiano: de forma resumida es aquel que acepta la voluntad de Dios con amor y tal como se presenta cada momento en el tiempo siempre sirviendo a los demás.
Tras finalizar dicha eucaristía, decidí acudir una conferencia sobre Manolete titulada: «Manolete un Hombre Bueno» con motivo de los actos celebrados por el 75 aniversario de su muerte. No obstante, previamente al comienzo de esta me entretuve en algunas tiendas para ver las nuevas tendencias de este otoño; no puedo evitarlo soy una enamorada de la moda y de la búsqueda del conjunto perfecto para cada momento. Esa tarde había tres conceptos entrelazados: un corazón lleno de amor para servir, unido a la moda, y ambos junto al afamado y universal torero.
Ya ubicada en el lugar de la ponencia la cual se desarrolló en la Fundación Cajasol y fue impartida por Paco Laguna; director y dueño del Museo Taurino de Villa del Río, quien se definió en todo momento como un gran enamorado de dicho mito del toreo, este nos dejó anonadados con sus palabras y argumentos acerca de la figura a los allí presentes. Lo que hacía único e irrepetible a Manolete era su personalidad, sin querer nunca ser protagonista de nada, todo lo que hacía lo impregnaba de algo especial. Todo esto lo reconducía a una bondad extrema la cual mucha gente no supo apreciar ni se ha sabido reflejar, ya que en la película protagonizada por Adrien Brody lo muestran como alguien violento, algo que solo podía desprestigiar su figura, como en otras ocasiones como aquella en la que el periodista Gregorio Corrochano quiso dejarlo mal al ser cogido por un toro en la corrida de la Beneficiencia y este dijo en la crítica con sarcasmo: a Manolete lo que le vamos a poner es la cruz de la beneficiencia, finalmente un mes después se la estaban poniendo en su féretro.
Sin embargo, con su forma rompedora y personal de hacer las cosas mostró la sencillez, delicadeza y bondad que tenía. Un detalle a destacar fue cuando en el aeropuerto de Barajas el 1 de octubre de 1946 camino hacia México cargado de maletas y baúles acompañado de Lupe Sino, viandantes de la zona pretendieron menospreciar a su novia con ciertas habladurías y palabras un tanto malsonantes, al llegar a sus oídos dichos rumores le obligó a su mozo de estoques, Chimo a sacar el capote de paseo, el cual cuando lo tuvo en sus manos se lo puso sobre el hombro a Antoñita Bronchalo para dignificarla y darle el valor que tenía, ya que esta no era cualquiera. Asimismo, su exquisitez, sensibilidad, ternura y amor hacia su madre hizo que se le hiciera una casa para ella, donde pudiera vivir con todas las comodidades del mundo.
Pero, ¿por qué relacionar la homilía de dicho lunes con algunos hechos y vivencias de la vida del torero y con la moda? Principalmente porque menuda casualidad que aquello que se habló aquel día durante la eucaristía fue lo que hizo Manolete siempre que pudo con todo el que se rodeó; servir y jamás juzgar, siguiendo siempre su propia moda, estilo y personalidad. Recuerdo estar escuchando la conferencia y al mismo tiempo entrelazar conceptos con lo que se decía sobre el «monstruo» y aquello que el cura habló durante el sermón.
Menuda revolución causaron unos zapatos bicolor y una chaqueta blanca príncipe de Gales…