
Solo quedan dos días para que comience oficialmente el otoño y las hojas de los árboles empiecen a caerse recubriendo el pavimento de parques y jardines creando una especie de alfombra en tonos ocres y verdosos similares a las del Castillo de Balmoral por donde paseaba la recién fallecida Reina Isabel II. La misión ahora es ir separando estas con las Hunter hacia un lado y hacia otro de la calzada.
Por ello, ya con el olor del otoño y los rifles cargándose de casquillos para una nueva temporada de monterías, el último fin de semana de verano lo he disfrutado en el Puerto de Santa María, exprimiendo cada segundo al máximo. El motivo principal de dicha escapada era la fiesta de cierre de fin de verano en Playa Canalla; un evento que tras acudir múltiples sábados durante la temporada estival a dicho chiringuito enclavado en Puerto Sherry no podíamos perdernos y así fue.
Llegué el viernes en torno a las una del mediodía para directamente enfundarme en el traje de baño y salir hacia la playa. Tomar el sol en esta época en la que se empieza a dilucidar el otoño a la vuelta de la esquina es de lo más placentero y más si va acompañado de un buen libro con el que hacer más ameno el momento, incluso llegando a convertirlo en «disfrutón». Fue una gozada, ya que el ruido de las olas unido a una playa prácticamente vacía o con muy poca gente, teniendo en cuenta el inicio de los colegios hacían del lugar un paraje idílico. Todos estos factores junto a una tortilla de camarones hicieron una jornada entre veraniega y otoñal inolvidable.

Entrada la media tarde decidí volver a casa para esperar allí a una gran amiga que venía de Madrid, no obstante aún quedaba, ya que estaba previsto que su AVE llegara a la estación de Jerez sobre las siete de la tarde y posteriormente debía coger un cercanías que la llevara hasta el Puerto. Mientras tanto, y en ese rato de tranquilidad y encuentro conmigo opté por hacerme una limpieza facial, al mismo tiempo que me entretuve aplicándome todos aquellos potingues beneficiosos para el cutis. Finalmente a las ocho llegó «Ade» tan alocada como siempre, al mismo tiempo que cargada de equipaje, transcurso en el que mientras se ubicaba mantuvimos una interesante y profunda conversación, sin grandes dilaciones, ya que nos arreglamos para seguidamente ir a cenar a Piparra.
Era la primera vez que visitaba este restaurante, ubicado en la Avenida de Fuentebravía y que tan de moda ha estado este año habiendo recibido a diversos toreros en el mes de agosto durante las corridas de toros en el Puerto de Santa María. Tras la experiencia, considero este ya un nuevo punto de referencia en la localidad gaditana donde deleitar el paladar y saborear productos típicos de la zona acompañado de una buena carta de vinos. No obstante, jamás bebo y los que me conocen bien lo saben; solo en ocasiones muy determinadas y especiales disfruto de una copa de vino.
Finalizada la velada nos fuimos a Cristalera Vistahermosa para disfrutar de alguna vivencia más esa noche, sin embargo, es cierto que en comparación con el mes de agosto reinaba la tranquilidad, no perjudicial por ello, ya que esta nos concedió el privilegio de poder hablar sin grandes ruidos y alguien tirándote parte de la copa por encima junto a las cenizas de algún cigarro tambaleante en el ambiente. Luego volvimos a casa para dormir, era mejor estar descansadas para el sábado, el cual se consideraba el «gran día» del fin de semana.

El sábado amaneció despejado y soleado lo que hacía presagiar una gran jornada de playa, hecho que así aconteció. Con más gente que el día anterior disfrutamos de algunas horas de sol y un aperitivo en el chiringuito. Sobre las cuatro de la tarde volvimos a casa para arreglarnos para partir después hacia Playa Canalla.
Si bien, el capítulo Playa Canalla es un episodio digno de contar en esta historia. El lugar decorado para la ocasión con más ornamento de lo habitual incluyendo desde un photocall, tatuajes de calcomanía con la palabra canalla hasta diversos regalitos de recuerdo de esta temporada etc… De este modo, aunque con gran cantidad de gente, no gozaba de su ambiente habitual existiendo una gran disparidad de edades e incluso de estilos. Lo pasamos bien, no obstante he vivido mejores tardes de Canalla, de hecho si me tuviera que remitir a alguna sería a la del 21 de agosto de 2021. Así existen tanto tardes de toros como de Canalla para cambiarte la vida.
De este forma, con la gente elevada a su máxima exponencia y como si no hubiera un mañana decidimos irnos de allí de nuevo hacia Cristalera, donde pasamos un largo rato comentando y riéndonos como cacatúas ciertamente ante cada hecho acontecido; como en el momento pérdida de móvil. Ciertamente ahora bromeábamos con la situación, pero en el momento había quien se tiraba de los pelos (Ade). Tras una larga jornada de diversión de sábado nos fuimos a dormir, ya tenía trazado algún que otro plan a tempranas horas de la mañana del domingo.


A las 9 de la mañana del domingo ya estaba levantada, había dormido tres horas quizás, pero el hecho de ir a misa a las 10 a la Capilla de Vistahermosa me entusiasmaba más que casi cualquier otro plan del fin de semana. Siempre que voy allí escuchar misa en dicho lugar es una gozada, por la tranquilidad que transmite, el sonido del aire de fondo moviendo las palmeras unido al cántico religioso. Tras la eucaristía finalizada el gran regalo fue poder confesarme allí en una silla de madera emplazada en el propio césped. Con el corazón lleno de paz me fui a la playa para disfrutar de una última jornada, no obstante el viento complicó un poco el día, pasando gran parte del tiempo en el chiringuito. Ahora solo queda afrontar y vivir el otoño igual o mejor que el verano.