La vida se asemeja a un viaje en tren, y un trayecto en el mismo se presta a la escucha de diversas historias en relación con esta

Esta mañana de noviembre; nublada y algo más fría que días anteriores, cogí un AVE junto a mi hermana a las 8:39 horas en dirección Madrid, nada novedoso hasta el momento, no obstante era el inicio de un divertido fin de semana.

Una vez acomodada en mi plaza, mi cerebro comenzó a producir ideas y reflexiones conectándolas entre ellas, y asemejando ese viaje de menos de dos horas al transcurso de la vida, más concretamente a las historias personales que hay en todas esas vidas de las que el tren va cargado. Es curioso todo lo que se esconde detrás de cada pasajero y la historia que tiene como protagonista y principal en su cabeza el día que le toca subirse al tren. Cada uno tenemos nuestra historia, pero cada jornada que pasa tenemos una diferente que toma partida respecto a la del día anterior y que todas en conjunto conforman todas esas estaciones, cambios de vía, accidentes y para nuestra mayor alegría; sorpresas.

Así pues, con el tren ya en marcha la gente hablaba, mientras tanto yo intentaba poner orden a mi propia historia, la de hoy. Sin embargo, a veces por no decir muchas mi instinto periodístico acompañado de mis oídos van haciendo un barrido y reteniendo aquellas anécdotas que por una razón u otra me parecen más llamativas. En consecuencia guarde y almacené las siguientes historias: Un matrimonio con ciertos problemas en cuanto a solvencia económica se refiere le comentaba a otra persona dicha situación personal, así como todos los días le daban gracias a Dios para agradecer lo que tenían que era mucho a pesar de la dificultad, por otra parte otros mencionaban que el motivo de ir hoy en ese tren era por ocio, ya que tenían pensando pasar el fin de semana en Madrid, visitando diversos museos, asimismo él se refirió con hincapié a planes gastronómicos, haciendo referencia a su gusto por el buen comer, así podía ser levemente notorio en esa barriguita redonda.

Definitivamente, hubo una tercera historia que me hizo estar pendiente gran parte del trayecto del viaje. Se trataba de una conversación telefónica en la que un señor con un cargo importante en una entidad bancaria hablaba con una chica donde planteaba el posible despido de la trabajadora social, ya que ahora mismo se podía prescindir perfectamente de ella; es decir de Concha, asimismo aludía a su falta de habilidades y proactividad en los proyectos a desarrollar teniendo que ellos dárselo siempre todo masticado y resuelto sin piedras en el camino que le obstaculizasen para una buena consecución de los objetivos. La decisión de él era bastante firme, haciendo alusión a que más adelante contratarían a otra, pero solo de forma momentánea para la ejecución del proyecto. Pobre Concha no sabe la que se le viene encima, me enterado de su posible despido antes que ella misma, estaría bien que alguien la aconsejara en temas de proactividad, liderazgo y creatividad.

Después de todo esto han pasado dos horas casi y el tren ya está llegando a Atocha. Me tengo que bajar.

Deja un comentario