
Mis abuelos maternos murieron respectivamente hace uno y tres años, sin embargo, jamás me imagine el momento de su muerte, ni en ninguno de los casos que ese instante fuera a tener lugar, como si esta no existiese y fueran eternos para siempre, ojalá fuera así pero no. Asimismo, es cierto que no se es consciente de lo que realmente significa la pérdida de un abuelo hasta que no se vive por primera vez y se tiene dicha experiencia sintiendo todos los sentimientos y emociones que conlleva.
Ahora, cuando ya solo conservo a mis abuelos paternos veo la situación desde otra perspectiva, pudiendo ver y sentir como la muerte se acerca en determinados momentos. En efecto, suena impactante decirlo de este modo, no obstante, a veces es bueno mentalizarse para un momento que solo Dios sabe, conoce y domina. Si bien, el miedo y el dolor se vuelven inevitables.
De este lado, la semana pasada mi abuelo cayó enfermo a causa de la ingesta de unas pastillas las cuales le produjeron algunos efectos secundarios, desde ese momento no ha vuelto a recuperarse quedándose en cama de forma prácticamente permanente, saliendo únicamente de la misma con ayuda para ir al baño y asearse. Antes no me había preocupado tanto, sin embargo, ahora siento que vivo en una cuenta atrás con él.
Su corazón va lento y su respiración se torna entre costosa y complicada, estando al mismo tiempo apoyada por una máquina de oxígeno. Por ende, ayer mismo mientras dormía me senté a los pies de su cama y recé un rosario confiando y bastándome de Dios para cualquier circunstancia que pueda acontecernos. En este transcurso fueron sucediéndose por mi cabeza de forma concatenada y seguida en el tiempo muchísimos recuerdos vividos y sobre todo aquello que me transmitió como el amor por el campo, los caballos y el toro bravo. Probablemente, la situación no nos permitirá volver a dar un paseo por el campo para ver los olivos, no obstante, la mente y todas las vivencias y recuerdos guardados serán el mayor poder para revivirlo cuando las ganas y el deseo resuenen y se hagan protagonistas en mi interior de forma voraz.
Las lágrimas mojaron mis mejillas como si de goteras se tratasen cayendo de forma intermitente. Al fondo, aunque postrado sobre la cama, paralelamente disfrutaba de uno de esos paseos por el campo rodeados de olivos y tractores resonando, generando un eco profundo y prolongado.