Un cumpleaños maravilloso

El pasado 25 de mayo cumplí 29 años, y cuando ya han pasado casi dos semanas de este maravilloso día, hago un balance del mismo. El tiempo, los días, las horas, los minutos y los segundos se suceden de una forma vertiginosa y cuando menos quiera darme cuenta habrán transcurrido otros 365 días, encontrándome y viviendo un nuevo 25 de mayo más en mi vida. El próximo caerá en sábado y esta vez serán 30.

Tanto en mi mente, como en mi corazón queda grabado este, ya que que no me sentía tan feliz y agradecida a Dios en este día desde hacía mucho tiempo, teniendo todo lo que se podía desear, y no me refiero a bienes materiales, sino al amor de Dios reflejado a través de las personas que más feliz me hacen en mi día a día.

La primera en felicitarme fue mi querida Laurita, a la hora en la que la Cenicienta debía abandonar el baile y volver a casa. El resto de las felicitaciones llegarían a lo largo del día siguiente, estando muy agradecida a todas y cada una de ellas, considerando al mismo tiempo algunas más allegadas que otras, de esta manera la de las 8:00 horas de la mañana me hizo gran ilusión, gracias J.

Como cualquier otro día me fui a la emisora para sacar todo el jugo posible a la jornada, previamente a disfrutar de una comida de feria con mi familia de «Effetá». 20 corazones iluminados llenos de magia y de amor de Dios, nos sorprendieron tanto a Carletes, quien también cumplía años, como a mí con una tarta y al ritmo de un cumpleaños feliz de lo más flamenco. Gracias, gracias y mil veces gracias.

Así pues, dicen que los tiempos de Dios son perfectos, y tanto que lo son, pero hace falta saber esperar y confiar. Tanto que las «panderetas volvieron a volar», solo yo y otras personas lo entenderán, pero si, así fue y así lo quiso finalizando el día con la entrada conjunta de Genoveva «Casanova» y la señora «Taco» en la feria al anochecer; ataviadas respectivamente de un Barey rojo y un Vilca, para poner el broche de oro a la misma.

Una vuelta a casa un tanto confusa y complicada con el coche de Agrosan liderando la ciudad califal en la madrugada. Finalmente, una vez en casa y feliz por encontrarme entre mis sábanas, recé un Padre nuestro y me quedé totalmente dormida.

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