Aten a sus yeguas que los potros andan sueltos…

Viernes 23 de junio, 7:00 am de la mañana y el despertador comienza a sonar, sin embargo este madrugón conlleva otra intención distinta a la de acudir a la emisora como cada jornada. Se trata del inicio de un fin de semana trazado al milímetro y organizado con mucha antelación, así no puede ser otra cosa que la despedida de soltera de una de mis mejores amigas.

La pantalla del móvil se enciende constantemente debido a la llegada de mensajes procedentes del grupo de la despedida, en el cual las integrantes del mismo (mejores amigas de la novia) se encuentran ya en actividad para llevar a cabo y de la forma pensada todo aquello planeado. No obstante, no todo siempre sale según lo proyectado teniendo que cambiar el trazo del mapa. De este modo, cuando prácticamente nos encontramos ubicadas en el punto de partida, recibo una llamada de parte de la novia en la cual me comunica que debe acudir a urgencias por ciertos síntomas, sin embargos gracias a ese seguro privado que ha contratado y del que somos conscientes que le está sacando el máximo partido todo se resuelve a través de vía telefónica pudiendo seguir con los planes previstos.

Las amigas de la novia y la gran protagonista; las seis reunidas frente al portal de casa nos dividimos en dos coches para salir hacia el destino elegido. Embrague, primera, acelerador y spotify abren el paseillo de el fin de semana para llegar a la primera parada prevista; Venta la Yedra para desayunar, hacer un descanso y continuar de viaje restante del tirón (la mitad más o menos). Ya en Tarifa nos dirigimos un supermercado para comprar algunas cosas para los desayunos de los días posteriores, así como la comida de ese mismo, ya que aunque la idea era comer en la playa, el levante tarifeño algo incómodo por no decir insoportable que abría un abismo a la posibilidad en la que nuestros cuerpos volarán nos hace meditar llegando a la decisión de comer en casa y después partir hacia uno de los conocidos chiringuitos de la zona.

Empanada de setas y pollo con nata, mítica y raro quien no la conozca, la gran aliada en ese mediodía y con gran éxito en la mayoría de las ocasiones para los comensales. Cuando ya solo queda el packaging, disfrazamos a la novia con el primer disfraz de granjerita; oda al aloe, a las ovejas y a la ganadería en general. Su presencia en Waikiki con dicha indumentaria sería cuanto menos «sospechosa», una tarde divertida entre cócteles, cocacolas, bromitas y grupito de música, y feliz por el sunset del que pude disfrutar. De este modo, antes de volver a casa me acerqué a la orilla para ver la puesta de sol; peligroso y bendito momento, dos palabras antagónicas pero ambas adecuadas a dicho instante. De tal modo que el aire batió la arena contra mí sacudiéndola contra mi cuerpo pero mis ojos pudieron agradecer una vez más a Dios la creación del mundo y de todos sus elementos.

Mientras la policía hacía gala de su habilidad y competencia para multar a todo aquel que estaba mal aparcado, nosotras cogíamos el coche para emprender el camino de vuelta a casa. La odisea estaba por llegar con seis niñas duchándose y arreglándose para salir a cenar y que todas estuviéramos en un tiempo aceptable, fue posible al encontrarnos en «La Morena» a la hora prevista. Lugar recomendable para todos aquellos paladares exquisitos donde el cazón cumple todas las expectativas. Tras la cena nos fuimos a «La Tetería», conocido sitio de copas y previo a la discoteca. Si en el Puerto de Santa María es Jumanji o Cristalera, en el extremo sur del país no os perdáis este. Merece la pena nada más que por los niños que se estilan por el lugar, como recomendación propia no debo dirigir mucho la cabeza hacia el suelo y concretamente a los zapatos, ya que hay más Vans que Guidos o Manolitos. El mood surferito lo más aclamado en la zona.

Después de auditar los estilos más comunes del espacio, he de decir que lo pasamos mejor que bien para dar el jaque mate a la noche en Mombassa. Instaladas en este establecimiento de la noche de Tarifa, mis ojos cansados y con las lentillas secas por el mismo, creyeron que era el momento de retirarse y descansar. Pilar y yo nos volvimos, y el resto llegó un rato después. Si el acicalamiento conlleva un tiempo predeterminado para cada mujer, el desengalanarse también lo tiene, aprovechando toda toallita desmaquillante que puedas para quitarte la pintura.

A la mañana siguiente nos levantamos como cisnes, desayunamos y nos fuimos a «El Tumbao». La novia con traje de neopreno y tabla de surf para no perder el destello de elegancia de la despedida hizo gala de sus habilidades como surfista «profesional» y con «experiencia» en este deporte. Una jornada igualmente divertida a la anterior, de sol y amigas. Estuvimos allí aproximadamente hasta las 7 de la tarde cuando volvimos para ataviarnos de nuevo e ir a «La Favela» a cenar para posteriormente hacer otra vez el mismo procedimiento de juerga. Dicha noche no tuve el mismo aguante que la anterior debido al cansancio acumulado y a mi pensamiento de tener que conducir al día siguiente de vuelta a Córdoba.

A las tres y media de la mañana estaba en la cama y a las cinco llegó el resto, convirtiéndose el salón en un plató de Telecinco y haciendo cada comentario de texto de lo acontecido que ni el mejor de los poetas. Finalizado el gallinero optaron por que la mejor elección era irse a descansar, ya que a la mañana siguiente debíamos abandonar pronto el apartamento. De esta manera, siguiendo lo establecido, nos levantamos, recogimos y nos fuimos para un brunch con el objetivo de partir pronto hacia Córdoba, ya que una debía de coger un AVE hacia Madrid nada más llegar.

Finalmente, algún obstáculo se interpuso en el camino de vuelta, retrasando ciertos asuntos de urgencia, no obstante unas antes que otras pero estábamos de vuelta en la ciudad califal «disfrutando» del calor que la caracteriza en la época estival. Para ponerle la guinda al pastel y dar «mi vuelta al ruedo» interna y personal después de ese gran paseillo de fin de semana, acudí a misa de domingo para reflexionar cada momento vivido con cada persona durante los dos días anteriores.

PD: Agradecida a todas por cada momento de felicidad que me pudieron aportar y por el tiempo recuperado tras meses previos.

Haciendo referencia al titular del post fue la frase que instauró el fin de semana. Si bien, encontrándonos en la playa y siendo una apasionada de esta, había que recordar al campo y al macho ibérico español que lo constituye.

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