
Son aquellos en los que se comienza a vislumbrar el final del verano, en los que los días ya empiezan a ser más cortos y las puestas de sol llegan antes. En muchas casas con niños el olor a libro recién forrado unido a la fragancia que desprenden las telas de los uniformes nuevos inundan las habitaciones y todo lo relacionado con papelería cobra un protagonismo especial. En mi caso se focaliza en la búsqueda de las nuevas tendencias para la temporada de otoño-invierno, en la visión de compra de una manta shetland de cuadros para tener cerca en la época de frio y en la puesta a punto del próximo curso en cuanto a objetivos y proyectos a cumplir. Todo aquello que queremos o que nos gustaría hacer.
Para muchos, el fin de la época estival supone el desenlace de aquellos meses donde parece que no hay límites y esto podría sobredimensionarse a multitud de campos, ya que las noches de verano unido al momento y la sociedad en la que vivimos e interactuamos deja muchas situaciones grabadas en la retina y que tiempo después vuelven a tu cabeza recordándolas e intentando sacar una conclusión de ellas, pudiendo llega a ser imposible, ya que la absurdez y el desatino dominan en mucha de estas, siendo la gran frontera y lo opuesto con el orden, los horarios, la vuelta a la rutina y los compromisos.
Sin embargo, conociendo mis debilidades, gustos y preferencias de vida, he de reconocer que me encantan dichos días, ya que lo relaciono con lo que es: el fin del verano, y con lo que está por venir. No quiere decir que odie el verano, ya que he sido feliz durante el mismo y más cuando he pasado una larga temporada en «mi paraíso de verano», he tenido momentos muy divertidos con amigas, he estado con mi familia, y he montado a caballo, independientemente del lugar donde me encontrara, creo que no se puede pedir más a la vida.
No obstante, prefiero el invierno, la rutina, el orden y por encima de todo el compromiso con la vida y en las diferentes áreas de la misma. Tener la vida ordenada y reflejada a través de una agenda es una tarea más que hacer al final de cada verano, con el posterior placer que me da el verlo todo tan planificado, donde cada segundo está prácticamente estudiado. Por otro lado, una razón hacia mi preferencia al invierno hace referencia a la moda, donde los tejidos utilizados para la ropa, los colores y la elegancia que se puede llegar a transmitir con los mismos es notablemente mayor que la que esta nos proporciona en verano, además del trabajo de elaboración que dejan ver solo con tocarlos al tacto.
Finalmente, últimos días de verano que han coincidido con una jornada de carreras de caballos en Sanlúcar y salidas por el Puerto. De este modo, si la portada no estuvo mal dejando una imagen divertida del verano, la contraportada para este nuevo periodo de otoño-invierno estará mejor.