
Es ley de vida, sin embargo estando incluso preparados para ello, y sabiendo que su llegada puede ser inminente y presentarse de forma imprevisible como si de un terremoto se tratase, parece como si nos pillara totalmente por sorpresa. Ella se va acercando sigilosamente a nosotros para finalmente chocar con brusquedad.
Sí, he comenzado el primer párrafo haciendo referencia a la muerte, una dimensión de la vida, la afanada eternidad y un gran encontronazo con Dios en mayúsculas. Un acontecimiento esencial en la aventura humana junto con el misterio que conlleva, ya que en multitud de ocasiones nos preguntamos tantas cosas sobre ella, sin embargo esas dudas siempre permanecen, ya que hasta que no llega dicho momento jamás seremos capaces de resolver. De este modo, siendo conscientes y a la vez ver sin serlo, en el amanecer de ayer viernes 28 de septiembre había luces y sombras, el olivo más valioso del olivar había llegado a su límite cuando se encontraba ya en un estado reposo con un aceite apagado y plano.
El abuelo había fallecido, cuando recibí la noticia a las 7:55 de la mañana me quedé callada, sin capacidad de reacción, situación que tuve conmigo gran parte del día, y es que dicho instante para el cual me creía lista y dispuesta, pensaba que jamás llegaría pensando que era eterno, con la consabida frase de : «los abuelos deberían ser eternos». Esa sensación interior de falta de consciencia ante lo ocurrido me llevó a seguir con una agenda marcada y normal hasta mitad de la mañana, cuando me pregunté: ¿Qué me ocurre?, ¿ qué debería sentir?, ¿he creado una coraza para evitar el dolor y enfrentar las situaciones que me presenta la vida?, ¿el paso de la vida y los años te llevan a asimilar la muerte de otro modo?. Subyacía en mí una gran tristeza interior, pero no había derramado una lágrima.

Si bien, al igual que mi agenda, los momentos y los tiempos están también marcados, y es absurdo querer apresurarnos. Solo tuve que ver a mi abuela, tan frágil y dulce al mismo tiempo para que con su abrazo consiguiera lo que no había ocurrido hasta dicho instante; solo ella rompió esa barrera, alcanzando mi corazón y haciéndome derramar las primeras lágrimas, realmente ansiadas. La coraza había desaparecido, viendo muchas cosas en ella como toda una vida de matrimonio y compromiso al lado de mi abuelo y que de repente se cortaba. Pese a ello, algún día volverán a reunirse en la eternidad.
Ahora, cuando han pasado unas horas, comienzo a analizar la situación y muchos recuerdos surcan por mi cabeza, principalmente esa unión y amor al campo y al toro bravo. Dos terrenos ligados entre ellos, y que él me inculcó. Aquellos paseos entre los olivos en el campo en una temprana mañana de verano o todas las corridas de toros que me hizo disfrutar. Creo que este último tema era uno de nuestros puntos principales de conversación. He de confesar que una tarde me quedé medio llorando por no llevarme a la plaza con él.
Estos últimos meses cuando iba a verlo me solía poner pies de la cama y me quedaba mirándolo, mientras tanto en un par de minutos se arremolinaban por mi cabeza muchas de aquellas vivencias vividas junto a él. Era el fan número 1 de siestas de pijama y en la cama, ya creo que se de quién lo heredé ese afán por irme a descansar lo más pronto posible después de comer o aquellos paseos para ver a la cierva o los que me daba él a mi recién nacida y volvía desquiciado, ya que volvía conmigo y yo seguía berreando tal como habíamos salido al principio. Creo que eso de la primera nieta lo volvió loco.
Ya descansa totalmente, además se ha quedado junto a «el Monstruo», de este modo no dudo que seguirá disfrutando de la fiesta al lado del más «grande» (Manolete).
Besos y abrazos de Car,