
El tiempo pasa y nuestra vida con el, llegando a organizar la misma en función de este. Su transcurrir lleva implícito el paso de los años y la búsqueda de la felicidad eterna. A dicha felicidad le asociaría dos términos; paz y tranquilidad, ambos pienso que están infravalorados, sin adquirir el valor y significado que realmente poseen cuando las mismos tienen presencia en un lugar y entorno tan armonioso y adecuado que permita describirse con dichas palabras.
Al hilo de lo anterior, a medida que pasan los años y nos hacemos mayores, somos nosotros mismos los que buscamos esa paz y tranquilidad que conjugada en todas las direcciones nos conduce a nuestra propia felicidad. Últimamente, soy yo la que la busco constantemente, huyendo y evadiéndome de todo aquello que me causa una mínima molestia e incomodidad,
alterando lo que podría ser un espacio equilibrado y armónico.
Si me preguntaran que es lo que más paz me proporciona, o dónde soy más feliz, es una pregunta o de las pocas que sé responder con inmediatez y sin titubeos. Aunque creo que ya lo he mencionado en algún otro post, en este no tendré más remedio que volver a decirlo, respondiéndome de esa forma a mí misma, a la pregunta planteada al principio, así como tener el placer de recordármelo, ya que al mismo tiempo fue alguien muy querido quien me lo transmitió e inculcó.
A mediados de octubre estuve en la Dehesa de Don Pedro, un hotel Boutique en pleno campo de una extraordinaria belleza, donde el entorno natural, hacen de tu estancia un momento memorable. Sin duda, un lugar en el que fui muy feliz, ya que me encontré y me rodeé de felicidad pura: el campo y los animales; vacas, caballos, ovejas y cochinos. Durante la tarde del sábado estuve en el embalse de Tentudia, ubicado en el río Bodion dentro de la demarcación hidrográfica Guadiana.
Aquí hice mi propio «safari» disfrutando del campo, observando con tranquilidad e inclinación a los animales allí presentes; vacas en su mayoría. Mi gran sentimiento interior en coincidencia con todo lo anterior, fue: ¿Cómo un animal tan grande y dominante me proporciona esa paz que otras muchas cosas no? ¿cómo en unos ojos oscuros y en una mirada tan fija y afilada puedo encontrar tanta tranquilidad?
De este modo, en la misma línea, y al mismo tiempo desde la contrariedad ¿cómo un animal que en ciertos ámbitos podría provocarte la muerte te hace sentir esa armonía y paz interior que un pequeño insecto no te daría? Solo debemos preguntarnos cómo es nuestra reacción en muchos casos al ver un saltamontes, un grillo, por no mencionar una cucaracha, la cual solo causa desagrado y repulsión.
Siempre pienso que todo se resumen en amor, hacia el campo y sus animales; los bravos y los no tan bravos. Dicen que aquello que amamos nos da tranquilidad y paz, la que no encontramos en otros lugares, por eso puede ser que yo la encuentre en ellos, sintiéndome al 200%.
En mi audacia y atrevimiento encuentro la paz de forma indómita…