El sábado despertó envuelto en un gris suave, de esos que noviembre regala como si quisiera recordarnos la belleza de lo lento. La lluvia caía con una paciencia antigua, dibujando hilos en los cristales y un murmullo constante que invitaba a quedarse un poco más entre las sábanas. A mi lado, Oliva —pequeña, cálida ySigue leyendo «Bajo la lluvia, la quietud de Oliva»