Un corazón sin dobleces, entregado y elegante como ese que hombre que utiliza el calzado correcto para cada momento

Naturaleza, sol y caballos siempre lo diré. Soy una enamorada de una buena y provechosa jornada de campo rodeada de animales; en especial soy una disfrutona de los paseos a caballo a campo abierto y de ese rayo de sol que oscurece la piel y te da ese aroma de azucena.

De este modo, he vuelto a recuperar la rutina que por cuestiones laborales y falta de tiempo había perdido, así he comenzado de nuevo a compartir pequeños ratos con Noruego que hace de mis tardes; momentos de encanto y salvación. Por ello, comprar una o dos bolsas de zanahorias diarias se ha convertido en un hábito que lo asocio con agradecimiento, amor y entrega. De esta forma, sobre las siete y media todas las tarde avanzo por un patio lleno de cuadras para encontrarme con él, así ya puede estar comiendo o curioseando dentro del box, dejándolo todo para acercarse a mí y dar un relincho de alegría. Asimismo, su inteligencia y perspicacia hacen que ya intuya y huela su golosina favorita: las zanahorias.

Así, el deseo y las ganas por llevarse a la boca dicha hortaliza se ha convertido en un reto llegando a meter el hocico en el capazo de la playa; una ocurrencia bastante divertida y con la que a mí me hace reír como una tonta feliz. El «problema» aparece cuando se termina la bolsa y no entiende que ya no hay más, dando con sus pezuñas pequeños golpes en el suelo o mirándome fijamente con sus ojos brillantes. En este momento y para calmar esas ansias por seguir comiendo zanahorias le acaricio en la parte del bello y la garganta, así como recito cariñosas palabras en sus oídos, un técnica simple pero curiosa, ya que puedo apreciar como empiezan a cerrarse sus ojos como consecuencia de la relajación, produciendo un sentimiento de ternura y regocijo en mi corazón.

De esta forma, día tras día repetimos esta odisea que por igual o parecida que llegue a ser entre una jornada y la siguiente, siempre hay un pequeño detalle que aporta la distinción, dulzura y elegancia por la que este amigo de cuatro patas lo definiría como la mejor compañía de la que puedo disfrutar para atravesar los diferentes momentos que me plantea la vida. Ambos somos como un puzzle que encaja a la perfección.

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