Los hombres y los zapatos: la elegancia comienza en los pies

En la vida todos tenemos una fijación o algo que realmente nos llama la atención por encima de lo demás. En mi caso son los zapatos utilizados por los jóvenes y la sociedad en general, no obstante tengo más interés e inclinación cuando se trata del género masculino. De este modo, cuando me presentan a un hombre lo primero que me fijo es en sus zapatos, y no solo en el momento de la presentación como tal, sino que en una discoteca miro al suelo observando miles de pares de zapatos entre la multitud generando una gran expectación y controversia interior, para posteriormente comentar mis propias opiniones con las amiga más cercana, diciéndome esta: Car, ¿ya estás con tu obsesión con los zapatos?

Dicha obsesión me hecho desarrollar e instaurar mi propia opinión. De esta manera, la elección de los zapatos la considero esencial, de hecho diría que crucial para alcanzar y dominar ese concepto «chic». De este modo, un traje hecho a medida y confeccionado en una conocida sastrería puede llegar a lucir vulgar y ordinario si no es combinado con un calzado adecuado para la ocasión. El hombre chic y elegante es aquel que nunca deja nada al azar ni en el aire, formando un trío de ases compuesto por la corbata, el pañuelo y el zapato perfecto. Como en el poker es una conjunción prácticamente inconquistable.

Me cautiva el estilo inglés, siendo considerado un referente en la moda en cuanto a calzado se refiere habiendo ocupado un gran papel en la vestimenta de una de las mejores instituciones establecidas en el Reino Unido: su monarquía. En este sentido tengo debilidad por los botines Chelsea, los Derby o las famosas botas Hunters. Asimismo, no hay nada más versátil y elegante que unos mocasines de ante. Ciertamente conozco a alguien que los utiliza con asiduidad siendo de los hombres más chic y apropiados que podrás conocer.

Por otra parte, odio las zapatillas deportivas blanca abotinadas diseñadas por diferente marcas con un modelo y una estructura similar pareciéndome dañinas para la vista y con un posible desprendimiento de retina tras el impacto del ojo con dicho elemento. Quién me conoce sabe que me matan. Esa modernidad que intentar implantar la sociedad actual y que se pierde dentro de cualquier tipo de estilo deslizándose hacia los platós de Telecinco.

Finalmente me consuela recordar a aquel que vestía de luces en las plazas y que por la ciudad califal paseaba elegantemente vestido con su chaqueta cruzada de lino y sus zapatos bicolor. Bendita obsesión la mía pero menuda puntería…

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