En la cima del Picacho de la Sierra Cabra

A 1217 metros de altitud en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas se encuentra ella. Sus rasgos se hallan definidos, de esta manera cuando la miras fijamente te llega al alma con su dulce mirada. Boca pequeña, nariz recta y fina y ojos grandes de color azul verdoso, con los cuales abarca el cielo y la tierra sosteniendo al niño Jesús entre sus manos.

Su coquetería ya la refleja el edificio que la alberga de cruz latina con una original nave con cripta de cañón, teniendo sacristía, hospedería, la casa del capellán y la casa del santero. Un lugar maravilloso para el recogimiento y la tranquilidad, ambas cosas buscadas por un gran número de personas que se dejan caer por los alrededores en busca de ese rayo de luz que tanta falta les hace.

Justo en dicho lugar se podría aplicar esa frase de «tus deseos son órdenes», ya que un gran libro de páginas en blanco, y otras ya no tan blancas, se encuentra cercano al altar, pudiendo escribir en el, todas aquellas preocupaciones, deseos o miedos para dejarlos en manos de la Virgen y que ella obre entre los mismos.

Creo que cuando llegas arriba y te pones lado de ella, es como si se abrieran las puertas del cielo, ya que para haber llegado hasta ahí, ha habido que atravesar una carretera llena de curvas, donde aquello que menos esperas puede aparecer en ese ángulo más cerrado y que menos visión proporciona ante lo que acontece a tu alrededor.

Dicen que nunca ha habido un accidente en dicha carretera, debido que las montañas son como el manto de la virgen, protegiendo a todo aquel que se introduce en esta calzada. A veces da la sensación que Heidi va a aparecer con sus cabras…

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