
Hace mucho tiempo que no paso por aquí, quizás desde la última Navidad. La falta de inspiración, de tiempo, de no saber qué contar y de cómo conectar con la audiencia han hecho que haya ido dejando esto vacío de pensamientos, ideas y experiencias. Sin embargo conociendo eso que dicen por ahí de llevar a cabo aquellos nuevos propósitos cuando llega el mes de septiembre, yo voy a intentarlo aumentando mi presencia en dicho lugar, ya que si bien es cierto la mayoría de objetivos o proyectos que me impongo los suelo ir cumpliendo debido a esa autoexigencia constante conmigo misma.
De esta manera, el título no podía venir más como anillo al dedo, ya que después de tanto tiempo desconectada, vuelvo a conectar con todo, en el completo sentido de la palabra, si bien el verano es un tiempo de desconexión para volver con más ganas. Así pues, uno de esos lugares que me siembra de inspiración y de aliento es el Puerto de Santa María y quien ya me conoce no le resulta sorprendente ni nuevo. Aquí he vivido unos días maravillosos de tranquilidad, descanso y de puestas de sol eternas. Allí encontré mi propio paraíso personal hace ya mucho tiempo.

Levantarse cada mañana, respirar aire puro y prepararse para una nueva jornada dedicada a cuidarse a uno mismo y a disfrutar del tiempo con otros, teniendo además a la hípica como una gran aliada y a la playa como un complemento vitamínico de luz y energía. Aquí duermo sin sobresaltos, del tirón, y sin preocupaciones. Estas últimas que parecen siempre tener cabida es como si desaparecieran. También ha habido tiempo para disfrutar de alguna corrida de toros y de las carreras de Sanlúcar, lugar al que le debo ir cogiéndole el gusto e ir encontrando la sutileza del lugar que me invite a convertirme en una apasionada del mismo.
Una tarde de polo junto a la sofisticación y a la exclusividad que ofrece el lugar han sido el escenario para una escapa más a la que añadir a un largo verano, el que todavía da sus últimos coletazos y aprovechando la oportunidad, la Costa de la Luz se ha hecho partícipe y protagonista este último fin de semana con sus paradisiacas playas y un paraje natural ideal para observar la naturaleza y disfrutar de la fauna local con la amplia variedad de especies de aves que habitan, crían y se alimentan en Las Marismas de Isla Cristina.

Ahora toca volver a todas aquellas actividades que conforman el día a día, a la bendita rutina, a la que realmente hay que estar agradecido, ya que aunque en el aburrimiento y la negatividad en la superficialidad de la palabra, para mi significa hacer de forma rutinaria aquello que me apasiona como montar a caballo, bailar flamenco, ir al gimnasio y por supuesto trabajar para cumplir esos objetivos y proyectos.

Finalmente, los próximos meses que se avecinan con la llegada del otoño y previos al invierno y a la navidad siempre han sido mis favoritos, también porque soy más fan del frío y la chimenea que de la propia temporada estival que aunque con cosas positivas jamás me ha llegado a robar el corazón.
PD: Estamos a tiempo de reencontrarnos con Dios y abandonarnos en él, si con el verano y los planes asociados al mismo lo dejamos apartado y a un lado, dándole prioridad a otras cosas que nunca serán nuestra propia salvación a diferencia del Padre que sí.